Compromiso apostólico

Compromiso apostólico – Compromiso misionero

Para un seglar el compromiso apostólico es en dos áreas:

En el mundo: fermento y luz del mundo. Su tarea primordial es la restauración y renovación cristiana del orden temporal.   Es el apostolado intrasecular.

En la Iglesia: Al interior de la parroquia: en los sectores y en los ministerios, para construir la comunidad cristiana. Es el compromiso apostólico intraeclesial.

  1. INTRASECULAR

El campo propio e inmediato de los seglares para su compromiso apostólico es el mundo amplio de lo social, la política, la economía, la educación, las ciencias y las artes, los medios de comunicación, el trabajo, la familia.

En estos campos, al seglar le corresponde la iniciativa y la autori­dad de dirección: para eso la parroquia le da inspiración de fe, motivación de amor y una enseñanza en la doctrina social para que el seglar lo tome como criterios de acción y compromiso.

  1. INTRAECLESIAL

 Los laicos pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con los Pastores en el servicio de la comunidad eclesial para el crecimiento y la vida de ésta ejerciendo ministerios muy diversifi­cados” EN 73.

En la parroquia evangelizadora todos los evangelizados c­olaboran en los Sectores y/o en los Ministerios dando todos unas cuatro horas a la semana, algunos dando medio tiempo; y  otros, por vocación especial, como consagrados, dando tiempo completo.

Se motiva e invita a los jóvenes, al terminar sus estudios básicos, antes de la universidad, a dar un año de tiempo completo.

Precisamente después de este curso, todos los evangelizados comienzan a tener un compromiso apostólico semanal en los campos de la parroquia, empezando con el anuncio misionero por las casas, a semejanza de la misión intensiva, sólo que de forma permanente durante todo el año.

Es el Jefe de Sector el que distribuye a las personas en el visiteo sectorial y además en algunas tareas ministeriales.  Los coordinadores sectoriales de ministerios pueden manifestar sus necesidades de personal, pero es el Jefe de Sector el que distribuye a las personas para las diversas necesidades del Sector.

Después de la Evangelización, como etapa misionera, viene la etapa pastoral, o Pastoral de Seguimiento. Desde el comienzo hay que formar al discípulo  y proyectar al apóstol.

Apostolado y Discipulado son dos líneas inseparables, absolutamente necesarias para el sano crecimiento de la persona. Por eso es muy importante que todos tengan un servicio apostólico semanal,  y el jefe de Sector, por lista, debe estar verificando que cada persona evangelizada esté dando ese servicio apostólico semanal como un compromiso sagrado.

En este tema se explican los campos y los tiempos de posible trabajo apostólico, conciliando los legítimos deseos de las personas, sus habilidades y experiencia, con las necesidades actuales de la parroquia y del sector. E ir motivando a todos para que, terminado este curso, comiencen con su trabajo apostólico.

Además del trabajo apostólico intraeclesial, todos los seglares evangelizados recibirán de la parroquia una formación, conscientización e impulso para su  trabajo intrasecular, para transformar y renovar cristianamente el orden temporal, como agentes de cambio social.


APORTACIÓN ECONÓMICA

En la enseñanza bíblica del diezmo encontramos los principios sobre el uso cristiano de los bienes materiales y los criterios de una aportación económica responsable al Centro pastoral a donde pertenecemos.

Se da enseñanza y motivación a los evangelizados y un sobre mensual que entregan al Jefe de Sector, y éste en la administración de la parroquia.

  1. Soberanía de Dios creador sobre el mundo y sobre todas las cosas.

Como Padre quiere para sus hijos, por igual, la participación fraterna y solidaria de todos los bienes. Expresado en una ecua­ción seria: Todos los bienes para todos los hombres = uso solidario de los bienes.

Por la entrada del pecado en el mundo el corazón del hombre quedó dañado con el egoísmo, el individualismo y la inde­pendencia. Dios, como pedagogo inteligente, permite que el hom­bre tenga un margen de propiedad privada para que cuide mejor lo que siente suyo, y para que tenga estímulo en su trabajo.

  1. Señorío absoluto de Jesús sobre nosotros y sobre todas las cosas. Somos sus siervos, en nuestra persona y en nuestra vida, en sometimiento total a Él. Y mayordomos o administradores con respecto a las cosas. Todo es de Él, pero nos permite usar de las cosas “como si fueran de nosotros”, aunque sin olvidar que las podemos usar según sus normas, y estando disponibles cuando nos pida dedicar alguna cantidad para su Obra y para los necesitados.

En su Palabra nos ha señalado formas concretas de realización de esto: primicias, diezmos, ofrendas reservadas, años sabáticos, años jubilares, y el modelo práctico del Buen Samaritano.

MODO DE COLABORACIÓN

Las finanzas de una parroquia son el reflejo de su pastoral. Una pastoral centrada en el culto obtiene sus ingresos de colectas e intenciones de misas, celebraciones particulares, aran­celes por servicios religiosos; y, para proyectos especiales, se organizan rifas, kermesses,  loterías, bazares, ventas de garage, tés canasta.

En una parroquia comunidad evangelizadora, los ingresos se obtienen principalmente por aportaciones mensuales de todos los evangelizados, conscientes de ser Iglesia como Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo, donde se sienten corresponsables de toda la obra pastoral, haciéndola suya, y motivados por la enseñanza bíblica de las primicias, ofrendas reservadas y diezmos.

Dará más el que tiene más, da más el que ha crecido más en el Señor, da más el que se siente más identificado  y parte de la Obra y de la Comunidad. Algunos dan una  aportación fija mensual comprometida y expresada, y a veces,  aportaciones ocasionales de más cuantía.

El amor supera la  ley. La actitud del cristiano evangelizado buscará llegar a la comunicación de bienes: “Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo lo tenían en común y no había entre ellos ningún  necesitado” Hechos 2,44-45

Estas aportaciones se destinan a las actividades del  plan misionero y pastoral: evangelización, sueldo de laicos consagrados a tiempo completo, producción de  material evangelizador,  etc

Esta aportación no va a la Institución eclesiástica ni a la cuenta bancaria personal del párroco, es como una cuenta de ahorro de la comunidad parroquial evangelizada para la promoción del proyecto evangelizador, sobre todo para el sostenimiento de consagrados que trabajan a tiempo completo.


II CONGRESO NACIONAL

SISTEMA INTEGRAL DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

¿QUÉ ABARCA CADA ÁREA MINISTERIAL O PASTORAL EN LA PARROQUIA?

Introducción

  • La ministerialidad a partir de Jesús

La ministerialidad en la Iglesia nace del actuar pastoral de Jesús, que revela los misterios del Reino con su Palabra y con su vida. Si la pastoral desea conservar su autenticidad original tendrá que mirar continuamente a Jesús el Buen Pastor para confrontarse con Él (Jn 10,1-21). Pero, ¿dónde está el núcleo del ministerio pastoral de Jesús?

Señalemos las fuerzas que animan y sostienen su obrar pastoral:

  1. El Reino. El punto absoluto en el ministerio pastoral de Jesús es el Reino de Dios. Es su proyecto pastoral por el que revela la presencia transformadora de Dios en el mundo, en la historia y en el corazón de cada persona. El reino que proclama Jesús, con sus hechos, prodigios y palabra es ciertamente espiritual, pero también es histórico, social y estructural. Se realiza en el tiempo de aquí, pero tiene un germen de cumplimiento en los cielos nuevos y tierra nueva. Se da pero hay que conquistarlo.
  2. La voluntad del Padre. El ministerio pastoral de Jesús se centra en la voluntad del Padre, cuya ternura y misericordia constituyen la revelación del Hijo: Jesús aparece actuando en la historia de la mano del Padre, siguiendo sus caminos y sus ritmos, tratando de conocer y aguardar la hora que el Padre le tiene señalada, escudriñando los signos de su Providencia (Cfr. DP 276-277). De esta entrega filial al Padre surgirá toda la fecundidad de su ministerio pastoral.
  3. El Espíritu. La docilidad y armonía con el Espíritu es otro pilar del ministerio de Jesús. El Espíritu es precursor, acompañante y continuador de su quehacer pastoral. Antes de que Jesús llegue el Espíritu ya trabaja; cuando Jesús actúa Él lo secunda; y cuando Jesús se va, el Espíritu prolonga incesantemente su obra. Esto es un criterio absoluto para la pastoral de toda la Iglesia.
  4. El amor y la preferencia a los pobres. En su ministerio, Jesús refleja una clara opción por los más necesitados, a quienes les restituye su dignidad de personas y de hijos de Dios (Lc 4,18-19).

La pastoral de Jesús es la columna vertebral, el modelo, arquetipo y regla absoluta de todo ministerio en la comunidad cristiana. Jesús, Pastor, es una referencia obligada. Por eso, hablar de los ministerios en la Iglesia, es afrontar la cuestión más decisiva en toda su actuación apostólica, evangelizadora y pastoral.  El Nuevo Testamento es abundante en cuanto a los ministerios, reconociendo una gran diversidad en la vida de las comunidades cristianas.

 De aquí podemos deducir las siguientes conclusiones:

1ª. La existencia de funciones o tareas de liderazgo en las Iglesias cristianas primitivas, se consideraban dones del Espíritu (cf. ICor 12,4-21) dados por Dios para el crecimiento de la Iglesia. Pablo destaca tres ministerios o servicios: los apóstoles, los profetas y los doctores (cf. ICor 12, 28). En la carta a los Efesios, el autor afirma que ha sido el Mesías que ha dado a unos ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas y pastores “con el fin de equipar a los consagrados para la tarea del servicio, para construir el Cuerpo de Cristo” (Ef 4,11-12). Por consiguiente, las funciones o servicios de animación o liderazgo es algo de lo que la Iglesia no puede prescindir.

2ª. El Nuevo Testamento demuestra que esa gran variedad de ministerios es una cosa querida por Dios para el bien de las comunidades, según las diversas culturas, situaciones o circunstancias. Pero pronto se advirtió en las iglesias cristianas la tendencia a reducir la amplia diversidad de ministerios. Esto se hacer notar en los últimos escritos del NT, concretamente, en las cartas pastorales. Se empezó a tener más confianza en la autoridad doctrinal de los ministros que en la fuerza del Espíritu, que guía a su Iglesia.

3ª. En las comunidades primitivas existe una gran creatividad. Surgieron ministerios, según las necesidades de la comunidad. Con esto se trata de comprender que todos los cristianos están llamados a ejercer algún ministerio para común utilidad de la comunidad cristiana y desde ella hacia el mundo. Sin los ministerios, la Iglesia dejaría de ser ella misma. He aquí la importancia insustituible que tienen los ministerios en la vida de la Iglesia.

  • Los carismas del Espíritu, sustento de la vida eclesial

En la tarea de los apóstoles, profetas y maestros, la Iglesia está representada como la Iglesia Una, pero esta unicidad no es una unidad organizativa, sino una unidad carismática, inspirada por el Espíritu.

La Palabra griega Charisma, significa, mostrarse generoso, gratificante, está relacionado con la palabra Charis, que significa, don, gracia, regalo.

            El Concilio Vaticano II, habla de dones o gracias especiales (LG 12). Carisma de los fieles laicos (LG 30). Carismas de los más sencillos y para el bien común (AA 3, 30). Carisma y ministerio (AD 23). Carisma de los predicadores (PO 4). Dones jerárquicos y carismáticos (AD 4).

            El Catecismo de la Iglesia Católica (CCE 1992), expresa la valoración conciliar de los carismas en la Iglesia: “múltiples gracias especiales llamadas carismas, abiertas a todos” (CCE 798). “Según los carismas que el Señor quiera conceder a los fieles” (CCE 910). Carisma de la vida consagrada (CCE 1508). En los nos. 799-801, el CCE ofrece un tratamiento explícito sobre los carismas: “Son gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente, una utilidad eclesial; los carismas están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo” (CCE 799). “Son reconocimiento, como maravillosa riqueza de gracia y ejercidos según la caridad, verdadera medida de los carismas” (CCE 800). Insiste en la necesidad del discernimiento, referencia al papel de los pastores y complementariedad de los diversos carismas (CCE 801).

El término “carisma” en la sociología, se formaliza (cualidad extraordinaria), se generaliza (aplicable a diversos fenómenos religiosos) y permite hablar de un poder y de una autoridad carismática (cualidades personales no comunes) al lado de una autoridad legal (en razón del derecho) y tradicional (en virtud de la transmisión).

            En resumen, teológicamente hablando, el Carisma es un don generoso que tiene su origen último en Dios. Dios lo otorga individualmente, siendo su carácter extraordinario uno de los motivos centrales de la discusión teológica en el Vaticano II: si se acentúa su índole excepcional, entonces los carismas son raros; si se comprenden como gracias de todo tipo, cada cristiano puede estar dotado de carismas en la vida diaria. Así, LG 12, considera los carismas como “gracias especiales” y AA 3, como “dones peculiares”, es decir, no toda gracia es considerada carisma. Sin embargo, podemos decir que, viendo las necesidades de la Iglesia y del mundo actual, creemos que Dios suscita personas con carismas particulares que, junto a los ministerios, sirven a la construcción de la Iglesia y responden a las necesidades del mundo en que vivimos.

  • Servicios y ministerios en la Iglesia

La expresión ‘Pueblo de Dios’ es también apropiada para resaltar que la misión de la Iglesia no es responsabilidad de algunos, sino de todos. A partir de las divinas misiones del Hijo y del Espíritu, la Iglesia es misionera: “La Iglesia peregrinante es, por su naturaleza, misionera, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el propósito de Dios Padre…” (AG 2). Todo el Pueblo de Dios no sólo es responsable por la vida, sino también por la misión de la Iglesia, en ella misma y en el mundo:

            “Los sagrados pastores conocen perfectamente cuánto contribuyen los laicos al bien de la Iglesia entera. Saben los pastores que no han sido instituidos por Cristo para asumir por sí solos toda la misión salvífica de la Iglesia en el mundo, sino que su eminente función consiste en apacentar a los fieles y reconocer sus servicios y carismas, de tal suerte que todos, a su modo, cooperen unánimemente en la obra común” (LG 30).

La expresión ‘Pueblo de Dios’ también ilumina la unidad de la Iglesia en la variedad de carismas y funciones:

            “Por designio divino, la santa Iglesia está organizada y se gobierna sobre la base de una admirable variedad” (LG 32). La común incorporación a Cristo y a la Iglesia- realizada por los sacramentos de iniciación- se enriquece constantemente por la inagotable pluralidad de los carismas, servicios y ministerios: “El Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos (…), sino que también reparte gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere, sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes (…) según aquellas palabras: ‘a cada uno (…) se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad’ (1Co 12,27) (LG 12b).

Está fuera de duda que el NT reconoce una gran diversidad de ministerios en la vida y el funcionamiento de las comunidades cristianas. Y esta diversidad es una riqueza para la vida de la Iglesia.

Pablo destaca tres ministerios o servicios: Los apóstoles, los profetas y los doctores (1Co 12,28; Ef 4,11). Recordemos a aquellos que Pablo llama sus colaboradores (Rm 16,3; 1 Tes 3,2; 2Co 8,23), y concretamente los responsables de las comunidades locales, a los que nombra en el saludo de sus cartas (1 Tes 1,1; 1 Co 1,1; Flp 1,1) o en las despedidas (1 Co 16,19-20; Rm 16,3; Flm 23,24). Es importante también el testimonio de la carta a los Efesios que, enumera junto con los apóstoles, profetas y doctores, a los evangelistas y pastores (Ef 4,11). El libro de los Hechos, habla de la tarea especial de los apóstoles, los doce (Hch 1,26; 2,14.37; 6,2.6), del ministerio de los siete en la comunidad de habla griega (Hch 6, 1-6), de la actividad de los profetas (Hch 11,27-28; 13,1; 15,22.27.32) y de los presbíteros (Hch 14,23; 20,17-38). Pablo afirma que los ministerios son dones dados por Dios para el crecimiento de la Iglesia (1 Co 12,4.31). Más aún, los ministerios han sido establecidos por Dios en la comunidad (1 Co 12,28). Cabe destacar que lo primero y fundamental en la Iglesia no es el ministerio, sino la comunidad.

El sentido y la razón de ser del ministerio consiste precisamente en ser un servicio en la comunidad y para la comunidad de los creyentes. En consecuencia, toda comunidad tiene derecho a poseer los ministerios y ministros que necesita. Algunos textos del NT presentan una íntima relación entre carismas y servicio/ministerio. Por ejemplo: 1 Co 12,4-11. 28-30; Rm 12,4-8; Ef 4,10-13; 1 P 4,10; Tm 1,6. Al respecto, uno de los textos más claros puede ser:

            “Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversidad de servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de actividades pero uno mismo es el Dios que activa todas las cosas en todos. A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para el bien de todos…” 1 Co 12, 4-8.

¿Qué es un MINISTERIO? Es ante todo, “un carisma, es decir, un don de lo alto, del Padre, por el Hijo en el Espíritu, que hace a su portador apto para desempeñar determinadas actividades, servicios y ministerios para la salvación” (cf. LG 12b). Sin embargo, no todo carisma es ministerio. Sólo puede considerarse ministerio el carisma que, en la comunidad y para la misión  en la Iglesia y en el mundo, asuma la forma de servicio bien determinado, envuelva un conjunto más o menos amplio de funciones, responda a exigencias permanentes de la comunidad y de la misión, se asuma establemente, comporte una verdadera responsabilidad y sea acogido y reconocido por la comunidad eclesial.

4- Los ministerios en Aparecida

“La diversidad de carismas, ministerios y servicios, abre el horizonte para el ejercicio cotidiano de la comunión, a través de la cual los dones del Espíritu son puestos a disposición de los demás para que circule la caridad (cf. 1 Cor 12, 4-12). Cada bautizado, en efecto, es portador de dones que debe desarrollar en unidad y complementariedad con los de los otros, a fin de formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para la vida del mundo. El reconocimiento práctico de la unidad orgánica y la diversidad de funciones asegurará mayor vitalidad misionera y será signo e instrumento de reconciliación y paz para nuestros pueblos. Cada comunidad está llamada a descubrir e integrar los talentos escondidos y silenciosos que el Espíritu regala a los fieles.” DA 162

“La Diócesis, presidida por el Obispo, es el primer ámbito de la comunión y la misión. Ella debe impulsar y conducir una acción pastoral orgánica renovada y vigorosa, de manera que la variedad de carismas, ministerios, servicios y organizaciones se orienten en un mismo proyecto misionero para comunicar vida en el propio territorio. Este proyecto, que surge de un camino de variada participación, hace posible la pastoral orgánica, capaz de dar respuesta a los nuevos desafíos. Porque un proyecto sólo es eficiente si cada comunidad cristiana, cada parroquia, cada comunidad educativa, cada comunidad de vida consagrada, cada asociación o movimiento y cada pequeña comunidad se insertan activamente en la pastoral orgánica de cada diócesis. Cada uno está llamado a evangelizar de un modo armónico e integrado en el proyecto pastoral de la Diócesis.” DA 169

“… Una parroquia renovada multiplica las personas que prestan servicios y acrecienta los ministerios. Igualmente, en este campo, se requiere imaginación para encontrar respuesta a los muchos y siempre cambiantes desafíos que plantea la realidad, exigiendo nuevos servicios y ministerios. La integración de todos ellos en la unidad de un único proyecto evangelizador es esencial para asegurar una comunión misionera.” DA 202

5- Los Ministerios en la Parroquia

Por Ministerio entendemos los campos ministeriales, estables importantes y esenciales; esto significa que no pueden faltar en la Iglesia, éstos son establecidos dentro de un proyecto que integre todos los elementos básicos de una vida cristiana seria, que ayude a formar auténticos discípulos misioneros, en un Plan integral que permita la articulación entre ellos y lograr así una verdadera pastoral orgánica.

  • Elementos del Plan: Evangelización, Comunidades, Catequesis, Liturgia y Acción Social.
  • Destinatarios especiales: Pastoral Familiar, Juvenil, Pastoral de la Salud, Rehabilitación.

Elementos del Plan Misionero y Pastoral:

  • EVANGELIZACIÓN: Lo forman los proclamadores y pastorcitos que dan los Retiros de Evangelización. Es el primer ministerio que hay que implementar. En Consejo Pastoral se decide el momento de hacer cada retiro y el sistema a llevar y se decide el equipo para ese Retiro. El párroco aprueba los evangelizadores; y nombra al Primer evangelizador. Al responsable parroquial del Ministerio le toca super­visar cómo se dan los Retiros, y capacitar a todos los miembros del ministerio.
  • COMUNIDADES: Es uno de los primeros en establecerse después de los primeros retiros. Como en todos los ministerios, hay un responsable parroquial, y a nivel sectorial el mismo Coordinador de Sector es el contacto coordinando y supervisando todo lo referente a las pequeñas comunidades, nombra a sus   Al Ministerio le toca la supervisión general de las comunidades  y  la coordinación de los Encuentros generales trimestrales.
  • CATEQUESIS: se tiene en varios niveles:
    • Escuela de Formación en la Fe, de 3 a 14 años
    • Catequesis de jóvenes, de 15 en adelante
    • Catequesis de adultos evangelizados
    • Catequesis pre-sacramentales
  • LITURGIA: Abarca todos los servicios litúrgicos y  sacramentales, y Asambleas de oración: su preparación y su adecuada celebración, con los diversos  servicios laicales necesarios en ellos.
  • ACCIÓN SOCIAL: Promueve, coordina o apoya todas las obras, acciones y servicios sociales, a nivel parroquial y sectorial, y provee formación doctrinal en la Doctrina Social de la Iglesia para la acción social en las estructuras del mundo, en la secularidad y temporalidad. Abarca lo asistencial, promocional y estructural.
  • PASTORAL FAMILIAR: Ministerio central y fundamental, dirigido básicamente a los núcleos familiares, a las parejas, y a los Prepara, acompaña, forma, asesora a parejas y personas, buscando la integración familiar. En conexión y articulación de este ministerio, para lograr una  Pastoral Familiar integral, se organizarán los servicios y eventos de jóvenes, adolescentes y niños, trabajando articuladamente.
  • JÓVENES solteros, a partir de 16 años, en dos niveles: básico y universitario; cuidando no hacer de este ministerio algo autónomo e independiente, sino integrado en la vida y trabajo de la comunidad parroquial.
  • SALUD o ENFERMOS y ancianos impedidos, con una coordinación parroquial, y atención directa por Sectores. Se podrá tener un servicio específico a la Tercera edad.
  • REHABILITACIÓN de alcohólicos, drogadictos, pandillas, etc. Atención y cuidado particular para integrarlos en la comunidad, y a la vida parroquial normal de todos.

Otros, de tipo práctico:

  • Secretaría: todos los servicios secretariales, notariales, de archivo y banco de datos, y las comunicaciones.
  • Administración: economía y contabilidad, super­visión y mantenimiento de edificios e instalaciones.

6- Articulación e interrelación

Cada uno de los ministerios en la parroquia tiene una tarea específica que, para que sea eficaz y en el marco de un verdadero proceso evangelizador integral, necesita estar perfectamente articulado al aplicar el contenido de cada uno.

Las acciones ministeriales se pueden ejecutar a nivel sectorial, zonal o parroquial, según el grado de desarrollo del ministerio y la naturaleza de cada acción, impregnado todo de una auténtica dimensión misionera.

Las acciones ministeriales sin la integración y articulación sectorial, son aisladas y autónomas y por eso a veces caminan en rumbos diferentes, sin relación unas con otras, paralelas o divergentes, perdiéndose así mucho del fruto que se puede lograr. Para lograr esto es fundamental el diálogo frecuente de los coordinadores parroquiales de los ministerios y los coordinadores de Sector, sobre todo a través del Consejo de Pastoral Parroquial.

Los responsables Parroquiales de todos los Ministerios, junto con los Coordinadores de Sector, conforman el CONSEJO PASTORAL PARROQUIAL con el párroco a la cabeza.

“Los laicos también están llamados a participar en la acción pastoral de la Iglesia, primero con el testimonio de su vida y, en segundo lugar, con acciones en el campo de la evangelización, la vida litúrgica y otras formas de apostolado, según las necesidades locales bajo la guía de sus pastores. Ellos estarán dispuestos a abrirles espacios de participación y a confiarles ministerios y responsabilidades en una Iglesia donde todos vivan de manera responsable su compromiso cristiano. A los catequistas, delegados de la Palabra y animadores de comunidades, que cumplen una magnífica labor dentro de la Iglesia , les reconocemos y animamos a continuar el compromiso que adquirieron en el bautismo y en la confirmación”. DA 211

Ma. del Carmen Cabrera Mc


La ministerialidad de la Iglesia

El sacerdocio de Cristo reside en la comunidad cristiana, que por lo mismo es ministerial. El ministerio pastoral de Jesús es la regla suprema de toda pastoral y está en la base del ministerio pastoral de la Iglesia. El centro del ministerio pastoral es la comunidad cristiana en su totalidad, lo cual afecta por igual a laicos y pastores

La Iglesia es por eso ministerial y como tal tiene ministerios. Su forma de ser es ministerialmente, o sea, pertenecemos a una Iglesia que vive para servir.  Los ministerios hacen a la comunidad y la comunidad discierne esos mismos ministerios que otorga el Espíritu. Los ministerios, clericales y laicales, son parte de la médula y de la sustancia de la Iglesia. La Iglesia es pues ministerial por vocación, por origen, por naturaleza y por finalidad.

Siguiendo el orden establecido por la Lumen Gentium, primero se plantea la ‘igualdad ministerial’,  El Pueblo de Dios, se plantea en el capítulo II, por la que todos sus miembros son responsables de la Iglesia y de su quehacer, por ser todos y todas, Misterio, fieles, cristianos, bautizados, sacerdotes, miembros de un mismo pueblo de Dios. Y por ser esto, son de la misma dignidad, al participar de la Misión de Cristo. Una vez aclarado este punto, la misma Constitución pasará en el capítulo III, a abordar la diferencia, clérigos y laicos, en función de la misma ministerialidad.

El ministerio ordenado garantiza la comunidad apostólica y sirve a la unidad de los diferentes carismas y ministerios, pero no debe ser ejercido como opresión y anulación del resto de los carismas, vocaciones y ministerios en la comunidad. Si el ministerio apostólico enlaza con el ministerio histórico de Jesús, ello no debe ir en perjuicio de los otros carismas y ministerios que existen en la comunidad. Los dirigentes se caracterizan por dos cualidades: están en nombre de Cristo y a su servicio. Así, éstos se sienten responsables de promover laicos protagonistas de la ministerialidad de todo el pueblo de Dios. Ciertamente ésta es una vía para reconstruir el equilibrio evangélico de la relaciones entre clérigos y laicos.  En esto reside el porvenir de la Iglesia.

El NT no ofrece ningún modelo único y obligatorio del modo de estructurar la Iglesia, ofrece experiencias de distintas iglesias, respondiendo a las necesidades. Por eso se entiende la variedad de ministerios, ya que cada comunidad trata de responder a sus necesidades internas y del entorno en que vive. Esto nos invita a la creatividad en desarrollar nuevos modelos para nuestra propia cultura y las necesidades de nuestro propio pueblo.

Desde este contexto parte Merlos para ahondar en una eclesiología que recupere la ministerialidad como una de sus notas teológicas esenciales. “Digamos desde el principio que la Iglesia de Jesús nació de su Ministerio y fue enviada para ejercer ministerios. Antes de asamblea de grupo es comunidad de ministerios y servidores. La Iglesia es por vocación ministerial.

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