En comunidad

Todos  y  todo en comunidad

+ Iglesia: misterio  y  sacramento  de comunión:

Pueblo  de  Dios Cuerpo   de  Cristo Comunión  en el Espíritu

+ Vocación  universal  a la comunidad.

+ Parroquia,  comunión de comunidades.

La Iglesia es Comunión como Pueblo y Cuerpo, expresiones y realidades que se complementan para entender la riqueza de significado que es la Iglesia; cada uno expresa un matiz diferente pero complementario.

La naturaleza de la Iglesia es el ser comunión y como tarea el construir la comunión, mostrándolo en todos los niveles.

La Diócesis es la Iglesia particular en torno al Obispo. La Parroquia es la primera comunidad eclesial, la última localización de Iglesia, la primera y más inmediata visibilidad de Iglesia para los fieles, el primer órgano de acción pastoral, normal y primario de la cura de almas.

La parroquia tiene como tarea prioritaria el cons­truir la comunión, como cuerpo eclesial local, forman­do pequeñas comuni­dades después de la evangelización, que quedan vitalmente vinculadas a la Parroquia, siendo ésta comunión de comunidades.

La Iglesia es comunión, y todos tenemos una vocación a la comu­nidad. Sin comunidad no es posible una plenificación tanto huma­na como cristiana. Por tanto la comunidad es una necesidad para todos.

La comunidad se forma después de la Evange­l­i­zación, durante este tercer Bloque. Hch 2,38–42.

Nos referimos a la comunidad pequeña, con unos 12 miembros.

No como la vida religiosa vivien­do en una misma casa; con un reglamento con actos de comunidad a ritmo diario; y con un superior. Todo esto no es de la esencia de la comunidad.

Comunidad es un grupo de personas que quieren com­­­prometer sus vidas en todas las dimensiones y cami­nar juntos en todo, y que tienen reuniones donde expre­san y fomentan su integración, y donde se inter­actúan y comparten todas las dimensiones del ser y de la misión de la Iglesia: Palabra, Oración, Edificación espi­ri­tual y Solidaridad social.

Quieren crecer juntos en el Señor y construir la comunión en su comunidad y con el cuerpo eclesial al que pertenecen y donde participan; para edificación del cuerpo en el amor. (Ef 4).

Comunican y comparten lo humano y lo cristiano; lo espiritual y lo material; lo religioso y lo social: lo eclesial y lo secular; los valores eternos y las realidades temporales.

Así como hay una vocación universal a la santidad y al apostolado, así también hay una vocación universal a la comunidad.

La meta es SANTOS + HERMANOS + APÓSTOLES, en una Iglesia nueva para un mundo nuevo con una cultura cristiana.

Es una necesidad para todos el pertenecer a una comuni­dad pequeña por una importancia pri­mordial, porque ahí y así se aplica y se vive la dimensión comunional de la Iglesia.

No es una importancia o necesidad sólo estructural u organizativa, sino una necesidad vital humana y cristiana.

 Perteneciendo a la vida de la comunidad y participando fielmente en sus reuniones.

+ DEFINICIÓN DE LA COMUNIDAD

La comunidad es ante todo para ser, no para hacer. Vale y se tiene en cuenta e importa la persona por si misma con rostro, nombre propio, historia y situación, en su vocación y misión, y no sólo las funciones; en todas las dimensiones de su ser y de la vida.

Hay que diferenciar comunidad y equipo, la primera es para ser, el segundo es para hacer un trabajo, tarea o función. Cada persona pertenece a una comunidad, y además participa en un equipo de trabajo pastoral, en Sectores o Ministerios.

La comunidad, en sus elementos esenciales se definiría así:

Grupo estable, orgánico y fraternal de personas evangeliza­das: centradas en el Señor Jesús y movi­das por el Espíritu Santo. Que se responsabilizan unas de otras: en amor mutuo y atento servicio, cuidando unos de otros y compartiendo todo unos con otros, en edificación espiritual y solidaridad mate­rial y social; dando así testimonio corporativo de nuevos modelos de vida, distintos de los del mundo.

Esta definición y descripción de los elementos fun­da­mentales de una comunidad se aplica en forma más fuerte sobre todo a la comunidad pequeña o de base, pero también, aunque no en forma tan intensa e inmediata, a la sectorial y a la parroquial.

La estabilidad y pertenencia, como algo esencial en una comu­nidad, se aplica en primer lugar a nivel del cuerpo eclesial local, que es la parroquia, pero la pequeña necesita tener una suficiente estabilidad, a menos que algo importante indique el cambiar a otra en el mismo Sector y dentro de la misma Parroquia. Los grupos de jóvenes son laboratorio y aprendizaje de comunidad, que la tendrán estable cuando se casen.

Es pequeña o de base, constituida por pocos miembros, en forma permanente y a manera de célula de la gran comunidad parroquial. (Puebla 641) Alre­de­dor de unos 12, que puedan reunirse en un cuarto de una casa familiar de alguno de los miembros de la comu­ni­dad, como lugar propio de reunión de la comunidad, no en salones de la parroquia o de alguna escuela.

Es cristiana y eclesial, y no sólo sociológica, fruto de la evangelización kerigmática (Hch 2,38+42), habiendo tenido la común experiencia de encuentro vivo con Cristo, creaturas nuevas con un nuevo naci­miento y que han reavivado el Don del Espíritu; como centro Jesús como Señor, y como alma el Espíritu Santo, que congrega la comunidad y la mantiene unida; vinculada efectiva­mente al cuerpo eclesial local parro­quial, en armónica comunión con su pastor.

Se forma con máxima heterogeneidad posible; hombres y mujeres, parejas de esposos, diversos niveles sociales, económicos y culturales; sin trasladar a ella los falsos criterios del mundo en castas sociales.

Se recomienda que los jóvenes solteros (de 18 a 21) se agrupen solos para lograr una edificación más espon­tánea y a fondo. Los más jóvenes (1517), de nivel prepa­ratoria, se verá la conveniencia de reuniones semanales en grupo más grande de alabanza, testi­monios, enseñanza, con alguna dinámica de integración, convi­vencia, e im­pulso al compromiso misionero hacia otros jóvenes.

El Jefe de Sector nombrará un Animador interno, miembro de la propia comu­nidad, y un Supervisor externo del Ministerio de comunidades.

Las primeras reuniones las dirige el Supervisor y luego enseña al Animador para que éste ya las coordine y anime, sin que tenga que asistir después el supervisor a cada reunión.

(Del libro de Pastoral de Seguimiento)


¿Se puede vivir hoy una verdadera comunidad cristiana?

PARA RESPONDER A ESTA PREGUNTA COMENCEMOS POR REVISAR DOS TEXTOS DE LO QUE NOS PRESENTA LA PALABRA RESPECTO A LAS PRIMERAS COMUNIDADES CRISTIANAS:

Hch 2,42 Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.

Hch 2,43 El temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales.

Hch 2,44 Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común;

Hch 2,45 vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno.

Hch 2,46 Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.

Hch 2,47 Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar.

____

Hch 4,32 La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos.

Hch 4,33 Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía.

Hch 4,34 No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta,

Hch 4,35 y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad.

Hch 4,36 José, llamado por los apóstoles Bernabé (que significa: «hijo de la exhortación»), levita y originario de Chipre,

Hch 4,37 tenía un campo; lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.


 

Podemos entresacar los elementos fundamentales que encontramos en estos textos, respecto de la vivencia de las primeras comunidades:

  1. Asiduamente se reúnen para orar y recibir enseñanza de los apóstoles.
  2. Conviven fraternalmente, en la caridad cristiana.
  3. Frecuentan la fracción del pan (Eucaristía).
  4. Los apóstoles daban testimonio “con gran poder” (“señales”).
  5. Vivían unidos, con una sola alma (el mismo Espíritu Santo).
  6. Compartían en la caridad sus bienes para cubrir las necesidades de todos.
  7. El Señor agregaba cada día a los que se habían de salvar.

¿Crees que estos elementos pueden darse en las comunidades cristianas actuales? ¿Se dan? Veamos uno por uno:

  1. SE REUNÍAN ASIDUAMENTE PARA ORAR Y RECIBIR LA ENSEÑANZA DE LOS APÓSTOLES

Los cristianos tenemos necesidad del alimento de la palabra viva de Dios que nos dé vida y nutra nuestra alma y nuestra fe. Esa enseñanza no es pura teoría para saber más, es vida nueva, vida eterna (cf. Jn 17,3) pues sus palabras son espíritu y vida (cf. Jn 6, 63) que nos fortalecen y capacitan para vivir como hijos de Dios, llenos de los frutos del Espíritu, necesarios para vivir la auténtica comunidad Cristiana, pues ésta brota del amor divino, fruto del Espíritu Santo: “Si no naces del agua y del Espíritu no puedes vivir el Reino de Dios” (cf. Jn 3,5).

De ahí que la oración y enseñanza de los apóstoles, que es otro modo de escuchar la Palabra y voluntad de Dios, construyen y edifican la comunidad, que no sería posible sin ese alimento que le da el nacimiento y el crecimiento, que hará posible la madurez cristiana de cada miembro para dar testimonio del Resucitado.

Al igual que en la primera iglesia, tras recibir el kerigma – primera proclamación de Pedro tras el Pentecostés- fue que se adhirieron a la comunidad en la que perseveraban asiduamente con todos estos elementos ya mencionados (cf. Hch 2,22-38). Por tanto en las pequeñas comunidades que se formarán después del retiro kerigmático, se darán estos elementos fundamentales: oración y “didajé”, es decir la catequesis o formación cristiana. Elementos fundamentales que señala Catequesis Tradende, como también Aparecida, que no deben faltar en la vida de todo cristiano: una catequesis orgánica y gradual para el crecimiento de los creyentes, en el contexto ideal de fe y oración que se da en las pequeñas comunidades. Cf. DA 158.

  1. CONVIVENCIA FRATERNAL

La KOINONÍA es la convivencia fraterna en la caridad cristiana que también se quiere plasmar y vivir especialmente en la reunión de pequeña comunidad. Como nos dirá también San Pablo: “Hagamos el bien a todos, pero especialmente a los hermanos en la fe” (Ga 6, 10). El Reino de Dios proclamado por Jesús es dejar que su Amor reine entre nosotros, por lo que es fraternidad y comunión verdadera; y somos llamados a buscar ante todo su Reino, y a anteponerlo a todo, por lo que vale la pena dejar cualquier cosa que impida vivirlo.

La pequeña comunidad es la expresión de los hermanos en la fe que conocemos más de cerca, que el Señor nos pone cerca para edificarlos con nuestras palabras y testimonio, como también para ser edificados por ellos. Esta es la oportunidad de practicar de modo especial el mandamiento nuevo de Jesús: amarnos como Él nos amó, ayudando al crecimiento espiritual de nuestros hermanos en la fe, y manifestándoles con hechos y palabras el amor de Dios por ellos.

  1. LA FRACCIÓN DEL PAN

También asiduamente se reunían las primeras comunidades a celebrar con alegría y sencillez de corazón al Señor resucitado en el Pan de Vida del que tanto les habló Jesús, y que sería la certeza de su presencia viva, la misma que continúa congregándonos en comunión fraterna.

Dice la nota de la Biblia de Jerusalén a 1 Jn 1,3: “La unión de la comunidad cristiana se basa en la unión de cada fiel con Dios en Cristo”. Esta unión se realiza de modo especial en la Eucaristía; en la medida en que cada uno está verdaderamente unido a Cristo, se hace posible el milagro extraordinario de la comunión entre nosotros, siendo tan distintos.

“La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan” (1 Co 10,16s). La Biblia de Jerusalén añade en la nota: “Mediante la comunión con el cuerpo de Cristo los cristianos quedan unidos a Cristo y entre sí. La Eucaristía realiza la unidad de la Iglesia en Cristo”. Cf. DA 158.

  1. LOS APÓSTOLES DABAN TESTIMONIO

El Espíritu, nos dijo Jesús antes de ascender al cielo, nos hará sus testigos por toda la tierra (cf. Hch 1,8). Ser testigo de Cristo sólo puede quien tiene experiencia de Él, de que está vivo, experiencia que hace posible el Espíritu Santo. Tras la experiencia de Cristo vivo y resucitado podremos testimoniar con hechos y palabras de la vida nueva que tenemos en Él.

Hay un cambio radical en la vida del que se encuentra con Cristo, como vemos en varios encuentros que aparecen en los evangelios. Zaqueo de ser ladrón pasó a dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolver 4 veces más a quienes hubiera defraudado. Ahí se pone de manifiesto el giro de 180º que provoca Jesús en la vida; nos cambia la escala de valores. Es como salir de la tiniebla en la que no apreciábamos el verdadero valor de lo más valioso, y cotizábamos en cambio lo superfluo.

De ahí viene el poderoso testimonio de quien es capaz de dejar lo que sea por seguir a Cristo y por vivir su proyecto de amor, los valores del cielo, el Reino de Dios. Cambios de vida sensacionales, testimonios que movían a muchos a integrarse a esa comunión de vida nueva en Cristo. Por ello añade la misma nota referida de la Biblia de Jerusalén: “El testimonio apostólico es instrumento de comunión; pues la unión con Dios se manifiesta en la fe y el amor fraterno”.  Vivir en la fe y en el amor fraterno hacía que aumentara la comunidad cristiana, pues era testimonio claro de la presencia de Dios vivo entre ellos.

También hoy podemos vivir este testimonio poderoso como se vive, de hecho, particularmente en las pequeñas comunidades cristianas, en las que somos testigos del crecimiento en la fe y en el amor de cada hermano, y por tanto, de la presencia del Dios vivo actuando en cada uno, que nos lleva a la madurez de apóstoles, para contagiar y atraer a otros a la comunidad.

Dice DA 163: “En el pueblo de Dios, “la comunión y la misión están profundamente unidas entre sí… La comunión es misionera y la misión es para la comunión” (ChL 32). En las iglesias particulares, todos los miembros del pueblo de Dios, según sus vocaciones específicas, estamos convocados a la santidad en la comunión y la misión”.

  1. VIVÍAN UNIDOS CON UNA SOLA ALMA

No se trata de que vivieran en la misma casa, pues no lo hacían, salvo tal vez el grupo de los apóstoles que estuvieran en la misma ciudad; pero en su mayoría tenía cada uno su casa, su familia y su trabajo, como actualmente. Se refiere pues a que vivían unidos por un solo corazón y un mismo espíritu, el de Cristo, que les unía en una afinidad de pensar y de sentir también (cf. Fi 2,2).

Esto lo hace posible el mismo Espíritu Santo que reinaba en todos y cada uno, llevándoles a la verdadera comunión fraterna; por ello el Espíritu Santo ha sido llamado el alma de la Iglesia, pues de hecho surgió en el Pentecostés, como una nueva creación: estaba el cuerpo, estaban las fuerzas, los apóstoles con algo de instrucción e incluso experiencia del Resucitado; pero aun estaban con miedo, incapaces de ser testigos y de dar vida, hasta que recibieron la vida, el alma, por el Espíritu en Pentecostés, en la que comienza a funcionar la Iglesia como tal, a evangelizar y a dar vida.

El Espíritu de Hijos que hemos recibido nos une en comunión como se manifestó de modo peculiar en el Pentecostés en el que todos entendían la predicación de Pedro, aún siendo de diferentes lenguas y procedencias, manifestando así que el mismo Espíritu hace posible la comunidad en la diversidad. Siendo todos tan distintos como los miembros del cuerpo, con diversos dones y carismas dados por el mismo y único espíritu, para formar, no obstante, un solo cuerpo.

Este Don indescriptible también se hace patente de modo especial en la pequeña comunidad actualmente, en la que constatamos tantas diferencias entre unos y otros, sin embargo también la comunión que el mismo Espíritu hace posible, siendo Él la única alma, el que queremos que sea nuestro único guía; pues “los guiados por el Espíritu de Dios son los hijos de Dios” (Rm 8,14).

  1. COMPARTÍAN SUS BIENES

La comunidad cristiana no es formada por espíritus o almas, sino por seres humanos integrales, con alma y cuerpo, por lo que no quedaría de lado la dimensión física y material en esa comunidad. Así como Jesús no se desentendió de las necesidades físicas o materiales de los hombres sino que también los auxilió y remedió, tanto a enfermos como a hambrientos y necesitados, mostrándonos así esta faceta del amor cristiano, así también la comunidad cristiana, llamada a amar como Jesús, no puede dejar de lado estas dimensiones.

Por ello sería un contrasentido que en una comunidad cristiana haya gente nadando en la abundancia y al mismo tiempo hermanos que no tienen ni lo necesario para vivir; por ello la comunidad ha de ver el modo de compartir los bienes con los necesitados para que a nadie le falte lo necesario y puedan vivir con dignidad de hijos de Dios y según la voluntad de Dios que quiere bienestar para todos sus hijos. Cf. DA 394.

Dice Aparecida en el 333: “…no se concibe que se pueda anunciar el Evangelio sin que éste ilumine, infunda aliento y esperanza, e inspire soluciones adecuadas a los problemas de la existencia; ni tampoco que pueda pensarse en una promoción verdadera y plena del ser humano sin abrirlo a Dios y anunciarle a Jesucristo”.

Es natural que en cada época y en cada contexto la misma comunidad tendrá que planear los modos que se consideren más adecuados para hacer efectiva esa comunión de bienes y subsanar las necesidades fundamentales de todos. Esto ordinariamente puede encauzarse por el ministerio de acción social que puede procurar empleos para quienes carecen de él, o alimentos o atención médica o cualquier otra asistencia para quienes necesiten de ella.

En nuestras pequeñas comunidades también se contempla este elemento de comunión de bienes, tanto mediante la aportación voluntaria económica mensual, como -al menos una vez al mes- planeando qué necesidad se puede paliar ya sea de alguno de los miembros de la misma, del barrio o de la ciudad.

Así el Reino de Dios se hará presente de modo visible y patente a todos, pues se verán los frutos que serán a su vez testimonio para quienes sólo pueden apreciar lo visible, y así pueden ser atraídos a conocer y a integrarse en la comunidad.

  1. EL SEÑOR AGREGABA CADA DÍA A LOS QUE SE HABÍAN DE SALVAR

La comunidad cristiana, experimentando la vida de Dios en ella, la presencia del Señor de tantos modos, se saben salvados y no pueden dejar de hablar de lo vivido con el Señor. De ahí que su testimonio de palabra o de obra sea motivo de irradiación del Reino de Dios, pues atrae a otros a querer conocer esa nueva manera de vivir, de pensar y de ser.

También en cada lugar o época se planearán los modos que se consideren más adecuados para esa irradiación del Reino de Dios: sea tratando de dar testimonio por su manera de vivir, sea mediando la predicación explícita, sea visitando casa por casa para dar testimonio de su fe y de su encuentro con el Señor, sea mediante retiros, o por los medios de comunicación, libros, internet, etc.…

El hecho es que de todos estos modos la Iglesia sigue propagando su fe, por lo que el Señor no deja de agregar a hijos suyos a la pertenencia a la comunidad cristiana, en sus diversas manifestaciones: mediante diversos carismas que ha dado a las múltiples comunidades religiosas, llamando a la vida cristiana, sea como consagrado, religioso, o laico, pero todos, tratando de anteponer a todo, la vivencia del Reino de Dios.

Concretamente nuestras pequeñas comunidades aumentan en número por medios diversos: tanto por el testimonio espontáneo de cada uno de sus miembros, como por la misión planeada que se da de forma permanente en nuestras parroquias, que como piden los documentos del CELAM, permanecerán en constante estado de misión. El visiteo permanente hace posible encontrar la oveja perdida o alejada, para su integración a la comunidad a partir del encuentro vivo con Cristo, que se le brindará mediante el retiro kerigmático. Pero también en misiones intensivas que se hacen periódicamente por sectores o para destinatarios específicos, haciendo así posible el crecimiento permanente de los evangelizados que quieren vivir su vida cristiana de modo más verdadero y profundo, mediante la pertenencia a la pequeña comunidad cristiana en la que no deja de nutrirse y crecer como hijo de Dios.


 

CONCLUSIÓN

Como vemos, todos los elementos esenciales que manifiestan las primeras comunidades cristianas se pueden seguir viviendo hoy de modos diversos. Aquí presentamos el modo particular en que lo ofrecemos con este plan misionero y pastoral, que está basado en las llamadas constantes de la Iglesia en los documentos de: Evangelii Nuntiandi, Christifideles laici, Catequesis Tradende, Aparecida,… por mencionar algunos.

El hecho es que, aunque tengamos una pertenencia a la Iglesia Católica universal por el bautismo, o a una comunidad diocesana, parroquial, etc.; si no se vive la fe desde un acompañamiento cercano en comunidades más pequeñas con las que se puede compartir (dar y recibir), donde se es conocido y amado de modo personal, ayudado a crecer como hijo de Dios y discípulo de Cristo, para llevarnos a la madurez de apóstoles; el cristianismo quedaría superficial y diluido en una masa amorfa, en la que ni se conocen, ni se aman, de modo real y efectivo.

Sin la vinculación a una pequeña comunidad la vivencia “cristiana” podría limitarse a la asistencia a sacramentos de modo impersonal, e individual, pues más que de modo comunitario, parecería una suma de individuos asistiendo a un acto, de modo rutinario. No podríamos saber cómo entiende, vive y recibe cada persona la riqueza del sacramento si esa persona no está vinculada a una pequeña comunidad que le acompañe  y ayude a vivirlo con toda su riqueza. Unos asistirán como mero cumplimiento, otros por temor a un castigo, otros tal vez por tranquilizar su conciencia y sentirse bien consigo mismos, pero se perdería la riqueza que aporta la verdadera comunidad cristiana.

Así, mediante las pequeñas comunidades, la parroquia será realmente lo que piden diversos documentos de  CELAM y de la Iglesia universal: comunidad de comunidades, pues es el modo en que haya un acompañamiento cercano de cada miembro del cuerpo de Cristo, de cada bautizado, en el que se le ayude a recibir de la abundante riqueza del amor de Dios y a dar lo mejor de sí a la comunidad, como miembro vivo del cuerpo de Cristo.

COMUNIDAD CRISTIANA será así, lo que está llamada a ser: una agrupación estable, orgánica y fraternal de personas evangelizadas: centradas en Cristo y animadas por el Espíritu. Se hacen responsables unos de otros: en amor mutuo y recíproco servicio, compartiendo, contando unos con otros y cuidándose mutuamente en todo, en edificación espiritual y en fraterna solidaridad social, dando testimonio corporativo de nuevos modelos de vida

Es lo que necesita la Iglesia actual, como expresa Aparecida: “…Nuestros fieles buscan comunidades cristianas, en donde sean acogidos fraternalmente y se sientan valorados, visibles y eclesialmente incluidos. Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una comunidad eclesial y corresponsables en su desarrollo. Eso permitirá un mayor compromiso y entrega en y por la Iglesia.” DA 226b

Tanto en la vida, como en las reuniones formales, se deben vivir y compartir varios elementos importantes que no son otros sino las dimensiones de la vida misma de la Iglesia y de su misión:

En las tres dimensiones : profética, sacerdotal y regia, y ésta última subdividida en comunional y social; lo cual nos da cuatro elementos básicos:

palabra + oración + edificación + solidaridad

Palabra, Oración y Eucaristía es lo propio de una comunidad en cuanto cristiana. Edificación y Solidaridad son la esencia y la clave en cuanto que es comunidad.

significa comunión, participación, solidaridad, comunidad, que se vive y se expresa por la edificación y la solidaridad.

De ahí que en las pequeñas comunidades se lleven estos cuatro elementos:

  • Oración de alabanza y de intercesión en el que participan todos de manera espontánea.
  • Palabra de Dios estudiada juntos y profundizando en la Doctrina, en formación bíblica y catequética.
  • Edificación por la que se alimenta la comunión, y se ayudan para el crecimiento espiritual.
  • Solidaridad enfrentando las necesidades y problemas en la dimensión material y social.

 


 

ANEXO DE TEXTOS DEL DOCUMENTO DE APARECIDA (DA) SOBRE LA COMUNIDAD:

“La vocación al discipulado misionero es con-vocación a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión… una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta, en la que podamos vivir una experiencia permanente de discipulado y de comunión…” DA 156

La vida en comunidad es esencial a la vocación cristiana. El discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad. Dios no quiso salvarnos aisladamente, sino formando un Pueblo. Este es un aspecto que distingue la vivencia de la vocación cristiana de un simple sentimiento religioso individual. Por eso, la experiencia de fe siempre se vive en una Iglesia Particular. DA 164

“Si se quieren pequeñas comunidades vivas y dinámicas, es necesario suscitar en ellas una espiritualidad sólida, basada en la Palabra de Dios, que las mantenga en plena comunión de vida e ideales con la Iglesia local y, en particular, con la comunidad parroquial. Así la parroquia, por otra parte, como desde hace años nos lo hemos propuesto en América Latina, llegará a ser «comunidad de comunidades».” DA 309

“La renovación de las parroquias…exige reformular sus estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión…  Toda parroquia está llamada a ser el espacio donde se recibe y acoge la Palabra, se celebra y se expresa en la adoración del Cuerpo de Cristo, y, así, es la fuente dinámica del discipulado misionero. Su propia renovación exige que se deje iluminar siempre de nuevo por la Palabra viva y eficaz.” DA 172

Teniendo en cuenta las dimensiones de nuestras parroquias, es aconsejable la sectorización en unidades territoriales más pequeñas, con equipos propios de animación y coordinación que permitan una mayor proximidad a las personas y grupos que viven en el territorio. DA 372

Tener vida fraterna en común es un elemento esencial de una vida cristiana plena; no hay vida plena, ni humana ni cristiana, sin comunidad. (DA 278d). Ellas recogen la experiencia de las primeras comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 2, 42-47). DA 178. Estos son el prototipo de la vida y de la misión de la Iglesia.

1 Comentario
  1. Jairo Ramirez 7 meses

    Es muy bueno

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