Gestos evangelizadores

LOS GESTOS EVANGELIZADORES. Entrevista con el Cardenal Rodríguez Madariaga

¿Qué don maravilloso posee el Papa Francisco para que en apenas cinco minutos y un “buenas noches” se ganara al mundo entero el 13 de marzo de 2013 cuando salió al balcón al anunciarse su nombre como el Papa 266?

Nos han impresionado algunos gestos, la ternura que tiene con los niños, limitados físicos, fue un impacto aquel beso que le dio a una persona que estaba muy enferma con muchos tumores en la cara. Eso verdaderamente no es teatro, le sale espontáneo de su corazón porque él lo ha hecho todo el tiempo.

Le cuento una anécdota reciente, el jueves 27 de febrero. Hubo algo muy especial en la capilla de Santa Marta, él confirmó a un joven, uno dice, el sacramento de La Confirmación, lo vemos con mucha frecuencia, se trataba de un joven muy especial, el hermano de un muchacho que tristemente fue secuestrado y muerto y lo encontraron como tres semanas después en una bolsa de plástico, este pobre muchacho había participado en ritos satánicos y lo mataron. Sus padres estaban tan impactados que estaban en crisis de fe muy grande, se apartaron de Dios y este joven, el hermano menor, se atrevió a escribirle una carta al Papa y le dijo: Santidad, yo quiero que usted me confirme porque yo quiero ser un buen cristiano y mi familia está muy lejos de Dios. Inmediatamente el Papa tomo el teléfono lo llamó y le dijo: prepárate que el 27 de febrero te voy a confirmar aquí en Santa Marta. Llegó su familia ya transformara, ese gesto ya tan normal del Santo Padre, hizo que aquella familia volviera a Dios. Y lógicamente esto se repite constantemente.

El día 28 de febrero tuve la dicha de una audiencia con él, yo estaba esperando en la puerta cuando vi que iba saliendo y se despidió de él un joven adulto, y me dijo fíjate que hace tres años este joven llegó a Buenos Aires a verme, hecho una piltrafa y se echó a llorar y me dijo: hace dos años que no tengo trabajo y mi familia se está muriendo de hambre, ayúdeme y yo por suerte esa tarde había recibido una persona que me había dicho que si necesitaba algo podía ofrecer un trabajo. Pensé: esto es de Dios, le conseguí el trabajo y ahora vino, tres años después solo para agradecer. Un muchacho vivísimo que se hizo amigo de un piloto de Al Italia y los pilotos tienen derecho a llevar a personas gratis en muchas ocasiones, me lo trajo gratis a Roma para que me diera las gracias y se volvió a ir, ya iba de regreso a Buenos Aires. Caray como un gesto de cariño puede cambiarle la vida a una persona.

Pero al igual que en el resto del mundo, ¿se vive igual el “efecto Francisco” dentro de los muros del Vaticano?

Sí muchísimo y se nota muchísimo y le cuento una anécdota que es reciente, el primer domingo de marzo, el arzobispo de Turín fue a una parroquia a rezar el Santo Rosario, había cinco personas, eran las 10:00 de la noche y con esas cinco personas lo rezó. Luego dijo, bueno, ahora me toca ir a la periferia, salió caminando y el primer bar que estaba abierto, ahí entró. Estaba lleno de jóvenes (bueno un bar en Europa no es igual que uno aquí, allá es como un restaurante) estaba lleno de jóvenes que estaban cantando, tomándose una cerveza, cuando ven entrar al señor arzobispo se quedaron fríos y el les dice: sigan si yo solo vengo a compartir con ustedes, al poco tiempo los jóvenes lo estaban rodeando, conversando, estuvo como una hora y luego salió y se fue para otro. Eso hubiera sido imposible hace unos meses, el Papa nos hizo un llamado -les voy a obsequiar la exhortación “El gozo del evangelio”- ahí nos habla de salir a la periferia y estas son las periferias. Tal vez los jóvenes ya no van a ir al templo porque no están motivados, pero nosotros tenemos que ir a ellos.

Recuperación del gesto evangélico, por Sergio Alfredo Fenoy, Obispo de San Miguel, Argentina

La acentuación pastoral que les propongo para este año es revalorizar los gestos que sean presencia del amor incondicional de Jesús y transparencia de alguna de sus actitudes pastorales, evangelizando por el mismo camino por el que llegó a nosotros la Buena Noticia: con “palabras y obras”. El desafío es ser capaces de “hablar con gestos”, recuperando pastoralmente aquellos gestos que interpelen la sensibilidad de quien nos “ve-escucha”, que le transmitan una “gracia particular” y una convicción fundamental: Dios nos ama y su existencia no es una amenaza para el hombre.

A pesar de vivir en una cultura de la imagen que privilegia el gesto por encima de la palabra, la verbalización occidental ha ahogado, en gran medida, lo gestual. Pero, por otra parte, la palabra ha sido devaluada y ha perdido socialmente su credibilidad: nos encontramos en un mundo saturado por palabras gastadas que se repiten en sucesivos “lugares comunes” o en “discursos de circunstancia”, lejanos de las verdaderas preocupaciones de la gente, que sólo producen aburrimiento, desconfianza e incredulidad.

En el mar de palabras en que nos sumerge cada día la actual sociedad de la comunicación, el mismo anuncio del Evangelio corre el riesgo de “ahogarse”. Sobran palabras, pero faltan hechos concretos. Este es un “signo de los tiempos” al que el Siervo de Dios Pablo VI llamaba “sed de autenticidad”, que ofrece, potencialmente, para nosotros, los cristianos, una oportunidad maravillosa: el hombre contemporáneo “escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio”; “cree más a los testigos que a los maestros; cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías”.

Hacia una recuperación del gesto

Deseo animarlos a recuperar creativamente, en cada una de nuestras comunidades y dentro de su pastoral ordinaria, algunos gestos evangelizadores a los que el mundo es más sensible y que expresan nuestra esperanza en el Reino, haciéndolo más cercano. No se trata de “estrategias para procurar éxitos pastorales, sino de la fidelidad en la imitación del Maestro, siempre cercano, accesible, disponible para todos, deseoso de comunicar vida”; precisamente será esta “gratuidad”, la que hará surgir en quienes vean estos gestos, preguntas que los orienten hacia Dios y el Evangelio.

Sería conveniente “pasar por el corazón” serenamente y en un clima de oración cada uno de estos ejemplos; de lo contrario, su enumeración puede resultar cansadora o monótona. No se trata de una “lista” de las cosas que tenemos que hacer, sino, simplemente, de una ocasión para que el Espíritu de Dios nos sugiera lo más conveniente en nuestro trabajo pastoral, dándonos valentía y fortaleza. Podemos inspirarnos en esta oración del Siervo de Dios, Card. Eduardo F. Pironio, compuesta en septiembre de 1997:

“Ser presencia”, Señor, es hablar de Ti sin nombrarte;
callar cuando es preciso que el gesto reemplace la palabra.
Ser luz que ilumina el lenguaje del silencio
y voz, que surgiendo de la vida, no habla.
Es decirles a los demás que estamos cerca,
aunque sea grande la distancia que separa.
Es intuir la esperanza de los otros y simplemente, llenarla.
Es sufrir con el que sufre y desde dentro, mostrarle que Dios cura nuestras llagas.
Es reír con el que ríe y alegrarse del gozo del hermano porque ama.
Es gritar con la fuerza del Espíritu la verdad que desde Dios siempre nos salva.
Es vivir expuestos y sin armas, confiando ciegamente en tu Palabra.
Es llevar el “desierto” a los hermanos,
compartir tu Misterio y decirles que los amas.
Es saber escuchar tu lenguaje en silencio.
Y “ver” por ellos cuando la fe pareciera que se apaga.
“Ser presencia”, Señor, es saber esperar tu tiempo
sin apresuramiento y con calma.
Es dar serenidad con una paz muy honda.
Es abrirse a los signos de los tiempos
manteniéndose fiel a Tu Palabra.
Es en fin, Señor, ser caminante
en el camino poblado de hermanos
gritando en silencio que estás vivo
y que nos tienes tomados de la mano”.

La evangelización asume la persona en su totalidad. Pero a veces parece que nos dirigimos sólo a la cabeza o a interpelar la voluntad y no llegamos al corazón de la persona. Mientras que nuestro pueblo es marcadamente afectivo. Además, nos recuerda el Documento de Aparecida, citando una expresión de Benedicto XVI, que “los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del pueblo de Dios…, son, sobre todo, los corazones”. Los gestos tienen una particular fuerza para impactar en la dimensión afectiva. Con ellos, más que con las palabras, podemos ganar el corazón de nuestros hermanos.

Los gestos difícilmente se dejan encerrar dentro de nuestras clasificaciones o agotar por nuestros análisis o interpretaciones porque son el producto de la extraordinaria complejidad de las relaciones humanas, por eso, ustedes sabrán añadir otros que se adapten mejor a la propia realidad de la comunidad a la que pertenecen o al trabajo pastoral que están realizando

Más que mil palabras

Queridos amigos, el lenguaje de los gestos “vale más que mil palabras”. Los gestos de Jesús, como sus palabras, producían una fuerte impresión en sus destinatarios.

Él supo estar atento a los más pequeños gestos de amor de su gente, especialmente de los pobres.

Sus mismos gestos fueron sencillos y humildes. Muchas veces llegaron antes que sus palabras.

No sólo los hizo, sino que permitió también que otros lo hicieran con Él.

Hay gestos que nunca se olvidan y dejan marcada para siempre la vida.

Hay gestos que miran hacia el futuro y al expresar una esperanza, la vuelven más cercana.

Es verdad que pueden malinterpretarse, y por eso tenemos que estar dispuestos a correr el riesgo. Los santos tuvieron la audacia de hacerlo, de ir contracorriente, desafiando la mediocridad que, muchas veces, los rodeaba.

Y, si bien los gestos hay que verlos y no oírlos, y no necesitan ser explicados, en algún momento deben ser explicitados gracias al “anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús”.

En la reflexión personal o grupal sobre las características de los gestos, podríamos añadir algunas notas más a las que les acabo de presentar, que muestren la altísima capacidad para comunicar que tiene cada uno de nuestros gestos.

La liturgia de la Iglesia nos conduce en este tiempo a la celebración de la Pascua, Misterio lleno de gestos: desde la última cena hasta el sepulcro vacío, desde los pies que son lavados hasta las llagas de las manos y el costado abierto. Pareciera que el Señor nos invita en estos días a volver a ver sus Signos, a disfrutarlos y a repetirlos, en Su nombre, entre los hermanos:

“Les he dado el ejemplo, para que hagan los mismo que yo hice con ustedes”;
“así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros… en esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos”; “Hagan esto en memoria mía”; “¡La paz esté con ustedes!”.

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